El margen de la destrucción | Ericka Castellanos Abad | Cuba



De parte de nuestro colaborador, Omar Cruz, de Honduras, presentamos una selección de poemas de Ericka Castellanos Abad (Santiago de Cuba, 1984). Ella es poeta y narradora, ex miembro de la AHS y aspirante a ser miembro de la UNEAC. Integrante del Movimiento de Artistas Aficionados en las manifestaciones de literatura y música. Coordinadora del MPM en Santiago de Cuba. Obtuvo Gran Premio en la XII Edición de los Juegos Florales, 2007 y Gran Premio en su edición XXVI, 2022. Aparece publicada en la Selección de narradores santiagueros: “Para subir al cielo”,  compilada por Aida Bahr, Eds. Santiago, 2006. En el año 2010 publica su primer poemario: Anatomía Urbana, Eds. Santiago. Ha oficiado como Jurado de los Concursos Juegos Florales 2008, 2009, Concurso “28 de Enero” 2017 y en el Encuentro Debate Municipal de Talleres Literarios 2022, entre otros. Textos suyos aparecen publicados en plegables nacionales, revistas, periódicos y compilaciones extranjeras. Su segundo poemario titulado “Los rostros de un país” será publicado en este año 2023.


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Exuberancias de urbanidad


Las calles me conducen

hacen que parezca obscena en la manía 

de trasquilar sus torres.

Vuelven el rostro como quien lo advierte

no saben que cargo los senos, 

los apuntalo al margen del derrumbe

porque escucho imperdonables voces que me nombran

me arrastran hacia esta oquedad

para que les secunde en su blasfemia,

designio inoportuno.

Son ellas causa en el descenso     

saben que me cuesta regresar

que nadie me conoce donde el ritual pagano

a fuerza de tambor y cuerpos lúdicos

expone esta costumbre de girar sobre nosotros

ante lo inevitable de la posesión.

Marcho calle abajo,

me persigue a quema ropa

para avisarme del último llamado

luego se despiden dese este cuello al que se aferran

porque no podré ser parte en el naufragio.

Las escucho andar detrás de sus paredes todavía húmedas

a pesar de mí dentro de mí sobre el asfalto.

Seguras como nunca ha estado nadie

hacen que golpee la cabeza hasta sentirme libre

tal vez porque de esto se trata

saberme antojada para la carrera de estos días 

en que no es lo mismo

por eso trasquilo tornes hoy lo sé.

Se me ordena fracturar el paso,

ir en contra de esta esclavitud que me padece

si no puedo mantener su condición

porque otra vez las voces me persiguen

tientan el aliento

cuando no me sirven otras calles y las niego.



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The pollution, el ángel


Luego de la primera comprobación de la ceniza

reinaba la peste invitando al ángel

Salió resuelto, títere de espaldas al anatema bárbaro.

Lo perseguían para herirle el fémur a pedradas,

su recompensa:  

verlo caer sobre la bestia

abrasadora entre sus morros

casi a punto de dislocar un adoquín preciso

brote con olor a sangre que excomulga,

salpica paredes dispuestas a manera semicircular.

Estos fueron sus deslices

no hubo pausas,

solo la peste abriéndose camino.

Era el ángel quien venía de regreso,

óbito fetal desde sus tobillos hasta el vértice del cráneo.

Fue entonces que ató cuerdas a los parques

tiraba como si quisiera desprenderlos

otearlos hasta ver rostros contracorriente

habitantes del Nuevo Testamento.

Esto no fue designio alguno,

era necesario despojarnos de gestos negativos

mostrarnos como víctima contaminada.

El ángel nunca supo que crecía.  

No hubo testigos,

resbalaban sus manos delgadas entre amarres de sal

porque hay causas que mueren inconclusas,

obligadas a permanecer. 

  

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Prefiero estar al margen de esta pausa


Pero ahora pienso que no hay retorno en el amor el precio a pagar está seguro de una manera u otra.

Walt Whitman


Ahora que pongo precio a todo lo que toco, 

descubro el uniforme

quedo decapitado porque nunca supe de trompetas bajo mi vientre,

así como no pude atar mis deudas a botas traga-orine

de cuando fui artificio e inspiré a más no poder

para deshacerme de esta semejanza con faroles huérfanos.

Buscaba conducir un nacimiento,

arrancar en quinta 

era preciso esperar al extranjero-rico o pobre-

calzador de bolsillos reformistas que me elevan,

dispersan esta delgadez sin filo,

hasta salvarme al margen de la destrucción.


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