En la sección de traducción de Mariela Cordero presentamos dos poemas de Lee Young-ha. 이영하 Poeta y exembajador, debutó en 2010 en la revista «Primavera y otoño literarios» (Munye Chunchu).Actualmente ejerce como redactor de dicha revista. Se ha dedicado activamente a promover la paz y la reunificación a través de la literatura, así como a fomentar el intercambio literario internacional, desempeñando el cargo de vicepresidente de la Asociación Coreana de Escritores por la Reunificación, miembro de PEN Corea, miembro de la Asociación de Poetas de Gyeonggi y miembro del comité ejecutivo del Comité Regional de PEN de Gyeonggi. Licenciado por la Academia de la Fuerza Aérea, es un antiguo piloto de combate y teniente general retirado de la Fuerza Aérea de la República de Corea. Ocupó el cargo de subjefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea. Tras retirarse del servicio militar, fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario de la República de Corea en el Líbano, representando a su país en la escena diplomática internacional. El Gobierno libanés le concedió la Orden Nacional del Mérito del Líbano. En reconocimiento a sus logros literarios, ha recibido numerosos premios prestigiosos, entre los que se incluyen el Primer Premio Literario «Aspiración a la Unificación», el Premio Literario y Artístico del Primer Ministro Hwang Hui, el Gran Premio Literario Goryeo, junto con un Doctorado Honoris Causa en Literatura, el Premio Literario PEN de Gyeonggi (Premio a la Obra), el Premio Especial a la Creatividad del Premio de Literatura Coreana, el Premio Especial a la Obra del Premio Literario Han Yong-un, el Premio Literario «Estrella Yun Dong-ju»y el Premio Literario conmemorativo del 50.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre Corea y Singapur. Actualmente ocupa el cargo de décimo presidente de la Asociación Coreana de Literatura Mundial.
Una carta escrita a
orillas del río Han
El río lleva en sus corrientes
el dolor de una tierra dividida, las interminables
noches de guerra
y el alba de la paz.
Así como el río Han del Sur anhela al del Norte,
el río Han del Norte inclina su cuerpo hacia el Sur.
Aunque fluyen como corrientes separadas,
están destinados, al final, a encontrarse en un solo
río.
Cada vez que resplandecen las luces de Seúl,
el río pregunta:
«¿Aún no has perdido tu sueño?»
Hoy, una vez más, me detengo junto al río,
para reescribir los ideales que una vez se perdieron.
Una sola palabra encomendada a la corriente:
esa es mi plegaria.
El río Han fluye con serena dignidad,
renovando el corazón de esta nación.
No es solo agua lo que fluye,
sino la marea eterna de la esperanza.
Marea alta y marea baja
La marea alta se acerca lentamente,
abrazando con suavidad la arena a lo largo de la
orilla.
Las olas llegan en silencio, como si susurraran,
contando historias ocultas en las grietas de las
rocas,
y el mar oscurecido revela su profundidad,
preparándose para un nuevo encuentro con el mundo.
La marea baja se retira hacia el mar,
revelando la tierra que había mantenido escondida.
Las huellas dejadas sobre la arena,
los rastros que permanecen donde el agua ha pasado,
se conservan como algo precioso,
como las marcas que deja una vida humana.
Al retirarse, la marea baja deja espacio
para que la marea alta vuelva una vez más.
Así se mueve el mundo, empujando y tirando,
respetando el lugar de cada uno.
La marea alta llena, la marea baja vacía,
y en ello aprendemos la lección de los ciclos
infinitos.
La danza del mar, repetida una y otra vez
en el mismo escenario,
respira al ritmo incesante de la vida.
En la tranquila armonía que crean la marea alta y la
marea baja,
en el punto exacto donde ambas se cruzan,
llegamos a comprender:
Hay que estar lleno para poder vaciarse,
y vaciarse para poder volver a llenarse.
Cuando el cielo, el mar y la tierra se entrelazan en
una única melodía
y siguen el compás de las mareas,
contemplamos en ello
la hermosa verdad de la existencia.
Traducción al español por Mariela Cordero

