La belleza no tiene un solo dolor | Marian Raméntol |España


 



La poeta Mariela Cordero, nuestra colaboradora, esta semana nos presenta tres poemas inéditos de Marian Raméntol (España). Artista multidisciplinar que fusiona poesía, traducción, música, fotografía y cinematografía. Dirige la revista La Náusea y forma parte del proyecto artístico Orquestracions Dissonants Internes, con quien ha desarrollado vídeo-libros, discos y bandas sonoras experimentales para cortometrajes. Ha colaborado en recitales y performances junto a músicos contemporáneos y ha traducido a poetas actuales al catalán, castellano e italiano. Autora de diecinueve poemarios e incluida en numerosas antologías, su obra ha sido galardonada en certámenes nacionales e internacionales. Publicada en revistas especializadas y traducida a diversas lenguas, participa habitualmente en festivales, exposiciones y actos culturales vinculados a la poesía y la cinematografía. Asimismo, es autora de guiones y co-conductora, junto a Cesc Fortuny i Fabré, del podcast mensual SINTAGMA.

 

La belleza no tiene un solo dolor

 

Nos atropella este crepúsculo insalubre,

obliga el verbo a sucumbir mientras nadamos

sin acuse de recibo, sin remitente siquiera,

los muertos pasan y nos echan un cable.

 

Y es que la belleza no tiene un solo dolor

su trazo serpentea y nos construye,

nos canta mermeladas y silencios,

nos vive, cotidiana,

hasta el mismísimo final.

 

 El estallido de mis ojos espera tu metralla

 

Tu frente demolida y trágica, sin coordenadas,

la orfandad de los puntos cardinales,

tu mano profundamente vacía,

            el espejo sucio,

                        los vasos rotos.

 

Los decibelios de la aflicción te anuncian,

el estallido de mis ojos espera tu metralla,

yazco tendida sobre todo lo que fui

ya sin cuerpo, deshilando el último golpe.

 

 Un silencio infinito

 

La grieta en los azules te huele

busca tu gesto tachado entre adoquines,

la mejilla por donde descender a nado

hacia la cicatriz que lleva tu nombre.

 

Raras veces te encuentra entera y absoluta

aún si los muertos te cantan, rara vez la lluvia se abre

y salta de tus manos a mi cuello para adivinarnos.

 

Así la música es ocaso

en un pentagrama de piel crujiente

así es el asombro de escucharte

mecida por un silencio infinito.

 

 

 

 

 

 

 

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