En la sección de
traducción de Mariela Cordero presentamos tres poemas de Agron Shele (Albania).
Es autor de obras poéticas, novelas y relatos cortos, sumando un total de 19
libros publicados, 13 antologías y numerosas colaboraciones en publicaciones
periódicas tanto en albanés como en diversos idiomas. Ejerce como presidente de
la Galaxia Poética Internacional «Atunis» y coordinador de la Atunis Galaxy
Anthology, además de haber sido galardonado con diversos premios literarios
internacionales y figurar en múltiples periódicos y revistas de alcance
nacional e internacional; actualmente reside en Bélgica.
Líneas paralelas
Leemos la palma de la mano
como lo hacía
el oráculo de Delfos,
dos líneas paralelas
que se entrelazan sin jamás encontrarse,
un mapa de linajes,
todo en las puntas afiladas de las estrellas,
donde una luz aguarda para despertar de nuevo
y resplandecer,
como está destinado, con una mano alzada en señal de
fe.
Los dedos se deslizan
en acordes, según el sabor de la vida,
en algún lugar una melodía se convierte en una balada,
y en algún lugar, en una melodía, se siembra un
suspiro.
Señales que deben ser leídas
en viejos destinos y antiguas creencias.
Nos aferramos a las raíces de los árboles
Nos aferramos a los árboles
de ese tejo que pisa fuerte la ladera de la colina,
el susurro de las hojas que se mecen en la oscuridad
que se ha convertido
en reflejos amorfos,
donde el dolor parece agotar
la linfa del sendero que nos nutre,
el miedo a la misericordia que el hombre no acepta,
el miedo del corazón
a que otra rama le atraviese el pecho.
Cada escalofrío vence a la inconsciencia,
la palabra nos lleva a la acción
y la acción al pensamiento,
pero nada más que las reglas de los códigos ocultos
que duermen en el cuerpo del alma
para alzarnos,
como piedras silenciosas hacia letras en el olvido.
Los troncos están ahí
como memoria de la espiritualidad del antiguo viajero
a quien le robamos la vista,
y le perdonamos por el nuevo mañana,
¡al susurro que llegó
con y sin nosotros!
No es solo un puñado de ira
sino una profundidad que brota eternamente,
a los pies de las bestias, que atraviesan con toda su
ferocidad
y fatalidad para llegar a Ti.
Nos aferramos a los árboles,
nos perdemos en el susurro del viento en distancias
perdidas,
tocamos con exaltación la paz fugaz del momento
de raíces que llegan hasta la médula,
de raíces que se alimentan de la sangre,
como una carta de triunfo para la formación de un
génesis
¡para volver a levantar nuestra imaginación!
Anochecer
El anochecer desciende sobre el lago en calma,
los botes duermen en la orilla,
meciéndose con las olas del día
al compás de la brisa,
donde las estrellas renacen en la profunda penumbra
del parque verde
y los chillidos de las aves
se funden con el susurro de las aguas,
prolongan la sed de la orilla
hasta mi dolor,
sienten la agitación de la estación,
derraman la sangre de la espiritualidad de un alma
renacida.
Una magia se esconde tras el sueño de las aguas
tranquilas,
quizás sueños
del reflejo del cabello en esmeralda,
escondido entre los juncos,
donde el pájaro del viento levanta su nido
y de repente alza el vuelo hacia la nube blanca.
Anochecer
y visión tan cercana,
llegada desde los cielos más lejanos,
imagen revelada al primer tacto
de la memoria infinitamente silenciosa,
el sonido de las olas yace tan inocente.
Traducción al inglés por Merita Paparisto
Traducción al español por Mariela Cordero.

