Quién puede apagar nuestra luz | Rosana Isabel Hernández Pasquier| Venezuela


 


La poeta Mariela Cordero, nuestra colaboradora, esta semana nos presenta tres poemas inéditos de Rosana Isabel Hernández Pasquier (Venezuela). Escritora y editora venezolana (Villa de Cura, Aragua).  Colaboradora asidua de publicaciones a nivel regional y nacional. Su obra está recogida en varias antologías dentro y fuera del país. Ha publicado los poemarios: "Ceremonia del horno"(La Liebre Libre, 1993), "El envés de los días" (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2005) "Astilla de la Noche", plaquette, una selección de poemas pertenecientes al libro "Aposento de lo cotidiano", inédito (Editorial la Espada Rota, 2006). "Astilla de la noche" ganó el premio mejor libro experimental, IV Premio Nacional del Libro de Venezuela 2006. En el 2008 se hace acreedora del premio mención dramaturgia en la bienal nacional de literatura Augusto Padrón, por su monólogo: "Al tibio rescoldo de la noche". En el 2012 presentó, el poemario "El cuerpo de la transparencia" (Fundación En Cambio y Blacamán Editores). Dirige el sello Blacamán Editores. Su más reciente publicación: "Aposento de lo cotidiano", Ediciones la gota de agua, Philadelphia, 2023.  

 

a Naky Soto

 

EN EL AFUERA

 

Transito por el paisaje de estas esquinas

apretadas de uniformados,

asoman ventorrillos miserables.

Camino, la porfía de insistir

marca el ritmo de este cansancio

de lo desportillado, lo quebrado, lo mugriento.

Y en la rotura de una acera

aparece una flor.

 

 

 

 a los que dieron la vida por un país de todos

a ustedes que son luz.

 

 

QUIÉN PUEDE APAGAR NUESTRA LUZ

 

Una voz de huracán ha resonado.

En los salones de las escuelas todos enmudecen.

sentimos que el silencio revienta nuestras bocas.

Las calles un mar de euforia y gritos,

estremece los cuerpos del palacio.

Este huracán hace rato que está vivo.

Solo hemos sentido la danza de sus vendavales,

en este dos mil diecisiete de públicos acribillamientos.

Mas, el derrumbe es inevitable.

Viajan las raíces en la tierra y dentro de nosotros,

a diario las sentimos crecer, no son menudas.

Pronto saldrán ramos relucientes de reverdecer.

Veremos las malezas expulsadas de nuestro paraíso.

 

 

SAN BENITO

 

El bendecido es tu nombre.

Cuarenta días de ayuno y oración,

porque la perdición te perseguía

con imágenes de rebosante lujuria.

Cuentan que zaherías tu cuerpo contra las ramas,

que tus manos remendaban las heridas.

Bendito en mi familia tu nombre,

Benito, el que trae consigo el zumbido de las abejas,

la niñez, el frio, la niebla

y aquel hermoso paraíso llamado “El Arbolito”

Benito, el fulgurante,

el que arde amorosamente en nuestros corazones.



Fotografía: Anabel Rodríguez Ríos


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